¿A quién no le gusta? Dime, ¿a quién?
Todo el mundo sabe que es mejor que cualquier droga, que cualquier chute de heroína o que cualquier cigarro de después. Que es mejor que las maneras de Claudia Schiffer o los labios de Naomi Campbell. Mejor aún que el olor a hierba recién cortada en una noche de verano o que una película de Clint Eastwood, pero una de las buenas. Mejor que el sonido de los pájaros cantando o mejor incluso que un orgasmo repentino. Mejor que un sábado noche, que un viernes por la tarde o un domingo por la mañana durmiendo hasta las tantas. Mejor que el olor a tostadas recién hechas o el tacto de las sábanas recién cambiadas. Mejor aún que la sensación que sientes por dentro cuando estás a punto de hablar delante de un montón de gente. Mejor que los excesos de Jim Morrison o las letras de los Beatles. Mejor que un baile de Michael Jackson y mejor que esos tontos saludos a ninguna parte cuando nos confundimos de persona por la calle. Mejor incluso que algunos días de vacaciones o un desayuno en la cama.
Y, joder… mejor que todo el dinero del mundo, mejor que un rayo de sol en la cara y
mejor que la vida entera.
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